martes, 4 de agosto de 2009

Ojo al Miedoooo!



Buda nos mostró el camino de la iluminación y nos enseño a seguir nuestra propia luz para poder liberarnos del sufrimiento. Cristo estaba rodeado de luz cegadora cuando fue bautizado en el río Jordán. Y los narradores andinos recuerdan al inca pachacuti, considerado el hijo del sol, que resplandecía con la luz del amanecer. Estos maestros nos dejaron el mensaje de que somos capaces de cosas aún más grandes de las que ellos hicieron -nosotros también podemos acceder a esta luz y eliminar la oscuridad de nuestras vidas.
Aunque la luz del amor contra la oscuridad del miedo pueda parecer una simple metáfora o algo característico de la mitología, existe de hecho una base científica para esta idea universal. Los científicos saben que todos los seres vivos están hechos de luz: las plantas la reciben del sol y la convierten en vida, y los animales comen plantas verdes que se alimentan de ella. La luz es la base fundamental de la vida, y estamos hechos de luz que ha sido compactada en materia viva. Además los biólogos han descubierto que todas las células vivas emiten fotones de luz a razón de cien destellos por segundo. La fuente de esta emisión de fotones es el ADN.
Al igual que la luz del amor es eral, también lo es la oscuridad del miedo que se halla almacenado en cada célula de nuestros cuerpos, quizá incluso eclipsando la luz de nuestro ADN. La falsa evidencia que percibimos como real es suficientemente fuerte para oscurecer cada uno de nuestros pensamientos y afectar a todas nuestras interacciones. Se alimenta a sí misma y puede comenzar a desafiar la racionalidad, mientras nos preocupamos interminablemente sobre qué desgracias nos pueden ocurrir.
El miedo crea una realidad sombría. Como vimos antes, las profecías se cumplen así mismas –lo que nos da más miedo es lo que estará esperándonos a la vuelta de la esquina-. No tiene nada de malo ser cauteloso, pero el miedo nos impide crecer y nos mantiene repitiendo las lecciones que nos dan el sufrimiento y el trauma un lugar de las que nos ofrece la experiencia de nuestro propio resplandor.
El miedo obstruye y distorsiona nuestra naturaleza luminosa. La ausencia de miedo, que es la práctica principal del guerrero luminoso, nos permite experimentar nuestra luz y nuestra iluminación.
(Tomado del Libro Las Cuatro Revelaciones del Dr. Alberto Villoldo, este texto forma parte de la segunda revelación)

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Al generar compasión, se empieza por reconocer que no se desea el sufrimiento y que se tiene el derecho a alcanzar la felicidad. Eso es algo que puede verificarse con facilidad. Se reconoce luego que las demás personas, como uno mismo, no desean sufrir y tienen derecho a alcanzar la felicidad. Eso se convierte en la base para empezar a generar compasión.

Cada uno recoge, ni más ni menos, lo que sembró.
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